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Cuento del Castigo del Mercader

 

Había una vez un mercader en un pequeño pueblo al que todos conocían como una persona tacaña, déspota y con muy pocos amigos. Este comerciante casi siempre estaba enfadado, con ganas de nada y sintiendo que tenía muy mala suerte en todo.

El mercader a menudo trataba a las personas muy mal y casi nunca agradecía a nadie lo que hacían por él. De esta manera, el mercader se ganó la desconfianza de todos y casi nadie quería estar a su lado. De hecho, cuando iba a los mercados todos sabían que no podían hacer nada por él y que seguramente les tratara muy mal como hace siempre.

Cuento del castigo del mercader

Un buen día el mercader se fue a buscar algo para comprar a un mercado muy popular de la zona e iba diciendo a todos: “quiero algo bueno pero que sea muy barato porque no tengo dinero”

El que no tuviese dinero no era para nada real pues este hombre siempre se había caracterizado por ser una persona con muchos beneficios y que guardaba una buena fortuna en su casa.

Sin embargo, nunca quería gastarse dinero y por eso siempre estaba buscando lo más barato de hecho, había veces que no sabía ni lo que compraba porque únicamente miraba que le saliera económico para su bolsillo.

Un buen día, el mercader estaba paseando por uno de sus mercados favoritos cuando de repente vio un vistoso y rico jamón y además muy barato. El mercader no se lo pensó dos veces y lo compró para llevarlo a su casa y así comer algo muy bueno.

Cuando llegó a su casa con toda la avaricia lo comió y al poco tiempo comenzó a sentir un dolor de barriga muy fuerte. La mujer del mercader se preocupó y preguntó a su marido que era lo que había comido.

El mercader dijo a su esposa que había comprado un jamón muy barato en el mercado y que ahora se estaba sintiendo mal y así fue como el mercader comenzó a darse cuenta de que las cosas baratas al final salen muy caras.